miércoles, septiembre 30, 2009

¿Por qué escalar?

Esto lo ha escrito un amigo, en una red social de esas:

"Últimamente me lo ha preguntado mucha gente. Estoy un pelín hasta las narices, aunque a muchos simplemente les digo que me gusta y punto. Así que hoy que no me podía menear del sofá tras la actividad 'mixta' de ayer, 22 horas non stop (escalar agujas de la cabrera por el día y juerga en Madrid toda la noche) me he entretenido poniéndolo por escrito.

Motivos hay muchos, a veces difíciles de expresar, otros más fáciles de entender, pero lo que la gente no entiende es que puedas arriesgar tu vida. Ellos no saben que el nivel de conciencia de un escalador es superior al de otras personas. Cuando un escalador sube por una pared está concentrado, atento y evaluando constantemente los riesgos que se presentan en cada momento. Esto es más de lo que puede decir mucha gente al cruzar un paso de cebra, coger el coche con unas copas de más, correr al volante, fumar habitualmente, beber más de la cuenta o engancharse a las drogas.

Como decía Rebuffat, el escalador ama la dificultad y detesta el peligro. Nunca va a la montaña a arriesgar inútilmente, no debe dejarse arrastrar por las sensaciones morbosas y fáciles del riesgo excesivo y la adrenalina. El escalador debe tener dos cosas fundamentales: entusiasmo y lucidez a partes iguales. Entusiasmo para superar las dificultades y privaciones. Lucidez para calibrar en todo momento las situaciones que se presenten y las fuerzas propias. En función de ello tomar decisiones, buscar las soluciones.

El primer motivo que hay que mencionar es el lúdico. Escalar es una actividad al aire libre, social, e inherentemente divertida, y si no que se lo pregunten a todos los niños que les gusta subirse a los árboles, los columpios…he visto alguno que se sube hasta por el frigorífico. Probablemente los escaladores éramos de esos niños inquietos con ganas de trepar a todas partes… quizás todavía seamos un poco niños.

En segundo lugar las descargas de adrenalina (no por el riesgo puro sino por la actividad en sí) pueden llegar a ser adictivas, las sensaciones fuertes no se encuentran fácilmente en la vida diaria y urbana, donde muy al contrario todo está medido, programado y sujeto a horarios. La escalada ofrece un terreno de aventura, de incertidumbre, hay que tomar decisiones sobre el itinerario, sobre la posibilidad de tormenta, el equipo a llevar, el material a utilizar en cada momento, la técnica. Pero siempre se trata de una aventura controlada. A veces, sobre todo al principio la sensación de riesgo es mayor que la realidad. Sin embargo no hay que dejarse llevar por el gusto fácil de la adrenalina. También por contraposición a la ciudad en la montaña se mira al horizonte, lejos, relajando los ojos fatigados y miopes de tanto ordenador.

En tercer lugar las sensaciones cuando escalamos son muy placenteras, superar tus miedos, mejorarse a sí mismo, los retos, los logros… son sensaciones que se asimilan mucho a la autorrealización. La cima de la pirámide de Maslow. Qué hay superior a esto? Nada, la autorrealización produce tanto bienestar que se busca con ahínco, aún a pesar de los riesgos asumidos. El otro día me decía un amigo que él en vacaciones se dedicaba a dormir, a comer, a salir de copas… primario!! Esas son necesidades básicas, no te van a conducir nunca a la realización personal, más bien todo lo contrario, fomentan la comodidad, el permanecer en terreno conocido, renunciando a aprender, a forzar los límites y a mejorar. No hay sensación más agradable que la de superar un paso difícil con elegancia, usando la técnica y la fuerza, primero evaluando los pasos a realizar, midiendo tus posibilidades, decidiéndote a ejecutar los movimientos y ya por fin, realizarlos siendo consciente del movimiento preciso de tu cuerpo… ah!!! Qué satisfacción coger el agarre salvador!

Rebuffat decía que era un desperdicio no usar los regalos que nos han sido otorgados al nacer. Dios nos ha dado músculos, alma, ímpetu, energía en cantidades enormes que todavía desconocemos y que el cuerpo utiliza sólo en las grandes ocasiones. Escalando hay veces que se llega cerca de esa fuerza escondida, sucede cuando, por las características intrínsecas del deporte, esto es el riesgo de hacerse daño y el no poder abandonar una escalada en cualquier momento, tenemos que darlo todo, sacar lo mejor de nosotros mismos y salir de una situación comprometida donde no valen las excusas o los lamentos. No hay nada más viril que el despliegue de fuerza. Que la voluntad cumplida. Where there is a will there is a way, dicen los ingleses. Nada más cierto y más ampliamente aplicable. Los límites los ponemos muchas veces nosotros mismos: ‘Como no sabían que era imposible lo hicieron’ otra gran frase. Hoy día, si el hombre ha sido capaz de llegar a la luna qué no es capaz de hacer? Hace falta voluntad para levantarse a la una de la madrugada en mitad del sueño para ir a realizar una escalada, salir de la comodidad de las sábanas, y sin embargo qué esfuerzo más viril! Porque un hombre decidido será capaz de muchas privaciones, su entusiasmo le ayudará a fijarse solo en lo bello de la escalada, disfrutará realizando los pasos difíciles, y una vez en la cima saboreará el íntimo placer del éxito y las vistas de su jardín de roca con su compañero. Sin hacer daño a nadie, en consonancia con la naturaleza, acercándose y sobrepasando sus límites, aprendiendo de ello.

En cuarto lugar, hay una explicación no tan evidente, aunque muy importante. Cuando escalas no piensas más que en donde colocar una mano o un pie, donde reposar, cómo realizar el siguiente movimiento. Es decir estás muy centrado en el ahora, sin pensamientos negativos, ni de ningún tipo, en tu mente. Porque una de las mayores enfermedades del siglo XXI es el no dejar de pensar, identificarse con los pensamientos y por tanto perder la conciencia del verdadero yo que solo puede existir en el ahora.

Esto suena un poco filosófico, quizás lo sea. Pero es así, hoy día no dejamos de pensar, no permitimos a nuestra mente centrarse en el momento presente, siempre estamos identificándonos con nuestro pasado y deseando un futuro mejor. Al mismo tiempo el ego se siente alimentado por estos pensamientos, haciéndose una idea sobre sí mismo en base a ellos. Pero nosotros no somos nuestros pensamientos, de hecho podemos observarnos a nosotros mismo pensando. Es el primer paso de conciencia. Nuestra esencia es algo más que un pasado o un futuro que no existen en el ahora. Escalar nos permite conectarnos con ese yo esencial, con la dinámica de nuestros movimientos, coordinados por una mente que no piensa en nada más, libre del ego y de pensamientos, porque si no lo haces así puedes caer o incluso herirte. Son momentos de una presencia en el ahora total, de conciencia pura del ser. Tras ellos la sensación de relajación, de abstracción de los problemas, e incluso de ponderación de los mismos, es auténtica. En realidad esto tiene mucho que ver con la sabia filosofía budista: disfruta del viaje, olvídate del destino.

Este ejercicio hace a los escaladores mejores personas. Primero porque para escalar bien hay que luchar con el Ego y dominarlo al máximo posible. Segundo porque el modo de solución de problemas también lo podemos activar en nuestra vida diaria. Tercero porque las privaciones te hacen valorar y vivir con más alegría y optimismo los placeres y sinsabores de la vida. El otro día me decía un amigo que había leído en un artículo que las empresas de recursos humanos valoran a los escaladores precisamente por esto, por su capacidad de superación y su afición por los retos. Nada más cierto. Recuerdo un lunes en la oficina, al volver de una difícil escalada donde tuvimos algún percance, vino mi jefe y me dijo con cara de circunstancias: Alberto, tenemos un problema. Cuando me lo contó, no pude menos que sonreírme y decirle: jefe no te preocupes, esto va a suponer muchas horas de trabajo quizás, pero nadie va a salir herido, yo me encargo. Me miró un poco extrañado pero contento por mi buena actitud.

Otro día me dijo un amigo una ventaja más: tú ahorras cuando vas a escalar, porque nunca vas a hotel, te pasas el fin de semana con la misma ropa, si hasta no comes! Jajaja! Muy cierto. La dieta del ramadán, la llamamos: escalar de día, comer de noche.

Si hemos sido capaces de ‘solucionar’ todos los problemas de una vía, los movimientos difíciles, cada uno a su tiempo, estamos también preparados para afrontar las situaciones de la vida diaria, aceptándolas como son, sin calificarlas, sin quejas. Este nivel de conciencia y responsabilidad produce una intensa paz interior. Esto requiere más explicación. Cuando escalamos no sirve de nada quejarse de ser bajito o alto, desear que los agarres fueran mejores, que los seguros estuvieran más cerca… te has comprometido con la escalada y tienes que buscar la forma de solucionar tus problemas… Sin dramas, simplemente prestando atención a las evidencias de la roca, con tranquilidad, recurriendo a tu bagaje personal y usando el más absoluto sentido común de una mente plenamente consciente del ahora. Estas técnicas se pueden aplicar directamente al resto de la vida: ser consciente y responsable de uno mismo, incluyendo situaciones vitales, sentimientos y pensamientos. La alegría, paz y poder que produce este convencimiento es enorme.

En último lugar, aunque no por ello menos importante está la amistad. Atarse a una cuerda implica confianza y compromiso. Bastante más que un anillo o un contrato de trabajo. Cuando se juega al escondite con la muerte, aunque la posibilidad sea remota gracias a la experiencia y la conciencia, todo lo demás carece de importancia. Una vez en la pared, en ocasiones se viven situaciones difíciles que unen todavía más. Tu compañero es habitualmente la única persona que comprende el logro de una escalada en toda su plenitud, él estaba ahí asegurándote en el paso difícil, ha retenido una caída, ha compartido contigo la comida y el agua. También es placentera la generosidad de conducir a un amigo a una cima que él todavía desconoce y que sabes le gustará. Descubrir en su cara expresiones de alegría al superar un paso, al salir de una vira y descubrir la vista, al llegar a la cima.

La camaradería se traslada habitualmente a otras personas con las que coincides en el vivac, en la reunión, en los rápeles. Y por supuesto en caso de accidente o cualquier otra necesidad se unirán esfuerzos, víveres y material para ayudar a la persona en problemas. Desgraciadamente ha habido ocasiones en que esto no ha sido así. Principalmente en montañas muy altas, de más de 8000 metros. Quiero pensar que se trataba no de escaladores, sino de gente que escala de vez en cuando y que ahí habían pagado a una expedición comercial para que les subieran a la cima. Por lo tanto apenas eran capaces de sostenerse en pie por sus propias fuerzas. El reciente intento de rescate del Latok 2 es un ejemplo de todo lo contrario. Con mínimas posibilidades salieron los mejores alpinistas españoles desde Madrid para intentar un rescate complicado en grado máximo. Aún así, me entristece que en este deporte sólo las noticias ‘malas’ sean noticia.

Un escalador de verdad es alguien poco corriente: es consciente, responsable, disciplinado, maestro zen, poco dado a las quejas, optimista por naturaleza, dispone del más absoluto sentido común, su resistencia física es legendaria, y su voluntad inquebrantable: es sin duda un guerrero en tiempos de paz. También tiene sus inconvenientes, hay que ser conscientes de ello: es individualista, a pesar del compañero que le acompaña; vanidoso cuando deja hablar a su ego; distraído cuando sueña en escaladas; pero sobre todo tiene muy poco tiempo libre, y lo valora por encima de todas las cosas, lo que lo hace una persona con costumbres poco comunes entre los urbanitas, más allá de la práctica del deporte en sí. A veces, es peligroso para la felicidad de las personas, a algunos les tentará el comparase con ellos… y pueden salir malparados, a no ser que su ego les lleve a ningunear un ‘deporte tan absurdo’, lo que sucede con frecuencia.

Otra explicación graciosa la leí una vez en una revista referente a la roca de la Pedriza. Decía que el granito tenía un cierto porcentaje de radón en su composición, lo que la hace a la vez radiactiva, peligrosa, pero también adictiva. Los científicos han demostrado que cantidades pequeñas de este mineral no son cancerígenas, producen en cambio un curioso efecto adictivo. La atracción del radón es irresistible, todos los fines de semana hordas de escaladores madrileños van a la Pedriza, a escalar pegados a la roca como lagartijas el sol, pero buscando, en realidad, apoderarse de la energía que desprende el radón.

Todas estas prolijas explicaciones, fruto de reflexiones maduradas desde mis inicios, de lecturas de libros y revistas, del amor por la actividad y su entorno, se podrían resumir en dos palabras. ¿Por qué escalas? Porque cuando escalo soy feliz. Y el que no lo quiera entender que no lo entienda, y examine su ego si es capaz de enfrentarse a él.

Finalmente algunas frases célebres en relación a la pregunta.

Porque las montañas están ahí

Los conquistadores de lo absurdo

Los héroes patéticos del siglo XXI reivindican su derecho a la aventura

Como no sabían que era imposible lo hicieron

Si tienes miedo no lo hagas, pero si lo haces no tengas miedo."

miércoles, septiembre 16, 2009